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sábado, 21 de junio de 2014

Un encuentro inesperado.

Fue curiosa la forma de verlo de nuevo. No fue ninguna entrada triunfante como la de un super héroe, no; tampoco fue algo con pompa y fiesta, sólo se aproximó. Así es la vida real, no hay música de fondo ni cámara lenta, sólo llegan las personas y ya. Pasamos un corto pero agradable tiempo juntos.
Los recuerdos que parecían perdidos escupieron el polvo y ese velo que se acumulaba en mis pensamientos recobró vida, era más que nada como, si de pronto, después de tanto tiempo, su silueta se desdibujara misteriosamente de esos momentos felices.
Por los pocos minutos que transcurrieron suaves junto a la pantalla, mientras estábamos sentados en el sillón, volví a acostumbrarme a su voz y a su forma de ser, reconocí en él a la persona que sentía más alejada de mi, entonces, sonreí para mis adentros, por ese sentimiento de calidez que causa cuando te reencuentras con alguien querido. Fue como un abrazo silencioso, y con unas cuantas miradas me sentí de vuelta a los tiempos buenos, los de risas, distracciones, juegos, pláticas, debates y comentarios nocturnos, de esos tiempos especiales.
Tristemente, llegó el final y nos despedimos, con un abrazo y una sonrisa terminó. ¡Ah!, fue como ver al Sol ocultarse detrás del mar cuando esperas en la playa al anochecer. Sentí la nostalgia de inmediato, de esa persona, más que por la partida.


Tan dramático suena, y la verdad es que yo desconozco la naturaleza del sentimiento que brota de las letras, porque, al describir estas situaciones, me gusta tanto adornarlas que incluso el sentimiento se desborda, sólo puedo decir de mi cómplice una cosa: le(te) tengo un profundo cariño.


P.D.: Si tuviese una foto de aquel día, sería tan seriamente capaz de subirla, que lástima, yo casi nunca tomo fotos.

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