"[...]Sus cuentos eran sobre ese mundo eterno que, curiosamente, se acababa en el transcurso de un suspiro. A él le encantaba comentar sobre los misterios pertenecientes al océano, sobre sus impacientes brazos que tomaban forma de olas y las criaturas que sabía que desconocía y que ellas, al mismo tiempo, desconocían su conocimiento. Era para mi imposible ocultarlo, sus palabras me hechizaban cada vez que abría la boca para hablar, no sabía si era por su voz, por su actitud, la forma en que miraba hacia el horizonte mientras se concentraba en aquello que quería expresarme, no lo sabía, sólo pasaba, era increíblemente difícil disimular indiferencia y eso me volvía loca.
Durante nuestra charla, algo brilló de manera insospechada, distrayéndome por completo. No era sólo un momento donde te das cuenta de los detalles que hacen de la vida ser lo que es, eso alborotó mi piel y mis sentidos; el resplandor duró un segundo y se apagó en el cielo penumbroso, sentí el calor secuestrando la sangre que recorre mi cuerpo, entonces concluí que aquello era el fulgor de mis deseos reflejados en el manto nocturno.
Miré de nuevo hacia el mar, su espuma había mojado nuestros pies y él se había callado, apenada ante la idea de que se diera cuenta de que no le puse atención, le di un empujoncito y él sonrió.
Estaba todo tan tranquilo y se sentía tan bien que me encuentro culpable de creer que me encontraba ahí: un mundo eterno que se acaba en el transcurso de un suspiro."

No hay comentarios:
Publicar un comentario