Guardo celosamente en mi memoria los trazos finos que dibujaban sus dedos sobre mi ombligo, sus manos tibias y el sonido aterciopelado de su voz; cada noche convivo con la luna mientras espero a que aparezca en el cielo, asemejándose a una estrella cuando, en realidad, es un planeta reflejando la luz del Sol; frió, distante, silencioso, imponente, fascinante y desconocido. Sigo dándole vueltas a la idea de probar de nuevo sus labios, morderle y reír mientras le sostengo una mirada de complicidad, sigo siendo adicta a la imposibilidad de esta fantasía y, sin duda, sigo tan irremediablemente enamorada de su presencia como la primera vez.
domingo, 5 de octubre de 2014
Recuerdos.
Guardo celosamente en mi memoria los trazos finos que dibujaban sus dedos sobre mi ombligo, sus manos tibias y el sonido aterciopelado de su voz; cada noche convivo con la luna mientras espero a que aparezca en el cielo, asemejándose a una estrella cuando, en realidad, es un planeta reflejando la luz del Sol; frió, distante, silencioso, imponente, fascinante y desconocido. Sigo dándole vueltas a la idea de probar de nuevo sus labios, morderle y reír mientras le sostengo una mirada de complicidad, sigo siendo adicta a la imposibilidad de esta fantasía y, sin duda, sigo tan irremediablemente enamorada de su presencia como la primera vez.
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