Estuviste ahí, de alguna forma, te vi a través de la rejilla. El viento sopló fuerte, despeinándome. El sol me deslumbró y, por más que traté, no pude terminar de enfocar tu figura. Justo al atardecer te perdí de vista. Eché un pequeño vistazo al rededor para darme cuenta que, aunque el espacio en el que habito puede ser tan pequeño, a veces, se ensancha y me reclama la soledad.
Ella está aquí, queriéndome entre sus brazos, sollozando, con el corazón apagado y la mente en total silencio. No es duro ver tu reflejo, lo difícil es verte partir y no regresar jamás.

No hay comentarios:
Publicar un comentario