Al principio todo era oscuridad, no podía ver ni mi propia mano frente a mi.
<<¿Qué podría hacer?>> pensé.
Sólo flotaba en un inmenso vacío, quizá algún día acabaría. Lograba percibir una caída o, al mismo tiempo, elevación. Estaba segura de nadar en lo profundo del mar, un lugar tan hondo en la Tierra que ni siquiera la gravedad había hallado y afectado.
Las ondas de una fuerza desconocida se chocaban con mi cuerpo, como si me intentasen hablar, pero, me sentía tan tranquila, cayendo o no, se sentía bastante bien, no quería moverme más, aunque sintiera el golpe de aquellas ondas, casi desesperadas.
No fue hasta que noté un destello de luz en ellas que miré un lugar de donde provenía una nueva sensación, se veía tan alejado, pero, también parecía acogedor. Estaba cansada del frío, y, aunque no me diera una garantía de sentirme de nuevo caliente, decidí nadar con todas mis fuerzas hacia allá.
Iba tan abstraída en la belleza de aquel lugar, no me di cuenta lo mucho había nadado.
Eran... ¿Estrellas?, muchas de las ondas llenas de luz que me encontraban, que llegaban cargadas de música y lindas letras, ellas, provenían de esos cuerpos relucientes y brillantes. No lucían cálidos.
<<A veces lo que más vale la pena conocer, así se camuflajea.>>
Era un mundo a parte del mismo mundo. Habían estrellas fugaces, planetas, constelaciones, música, muchos colores y organismos vivos, hasta minucias de polvo, algo que no esperaba encontrar dentro del agua. Me hice a la idea de explorarlo, había recordado que, ya había vislumbrado este mundo en los ojos de alguien en algún momento, era extraño... el encontrarlo de nuevo.
El lugar estaba lleno de estrellas, más en el fondo me toé con dragones, dragones acuáticos debería decir, bueno, eran azules y... se veían bastante majestuosos, uno de ellos me había saludado con una caricia, pensé en mascotas, algo que ellos jamás serían, mas bien son, algo así como unos amigos/compañeros, nada que puedas controlar en lo más mínimo.
Me parecía haber llegado al horizonte de aquel mundo cuando vi aquella galaxia, se desplegaba en todo su esplendor, era tan hermosa que me hizo llorar, se sentía tan acogedor.
<<¿Qué haces aquí?>>
Me di la vuelta, no creí merecer admirar ni un poco más la extensión de aquel universo, una sábana blanca me pasó por detrás, provocándome un quisquilleo en la espalda, alcancé a escuchar su risa, burlándose de mi.
-Que simpático eres.
Lo seguí con la mirada y fue cuando me encontré con ella. Una mujer permanecía sentada sobre una luna, tenía una vestimenta un tanto medieval, cicatrices y rasguños, como si hubiese estado peleando, había dejado de lado su mandoble, eso me daba la idea de que se estaba tomando un descanso. Ella observaba a los dragones jugar con las nebulosas. Lucía feliz, sin embargo, intranquila.
Ella me miró, entonces me asusté. "Es mi corazón, no seas tonta, y sí, es grosero entrar así.", dijo. Bien, quizá ella estaba acostumbrada, tan acostumbrada a verlo que no se daba cuenta de lo amplio que era, porque yo, no estaba acostumbrada a entrar y explorar universos, mmm... perdón, corazones como el suyo.
Yo podría asegurar, sólo estaba en el exterior. Dijeran, ¿Qué fuese a hallar si me adentrara a esa galaxia' Fui y me senté con ella, no parecía molestarle, así que me quedé ahí, observando a los dragones jugar. Cuando miré hacia sus ojos lo recordé, era ella, el rastro del fulgor de una estrella fugas se trazaba en sus pupilas.
Extraño y caprichoso, esas son las palabras para describir al destino.

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