Esa luz surcaba el cielo con tanta prisa y felicidad que era fácil llorar al ver como se desaparecía de manera inadvertida. Semejaba a los cohetes espaciales que despegaban desde mi corazón para nunca regresar. Quise convencerme una vez más, de que en tu mirada no observaba el cosmos, pero el amor me ganó de nuevo la partida: Esa estrella llevaba tu nombre grabado.
Oie io tambhien beo el kozmos khé imprezionanthe
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