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viernes, 27 de marzo de 2015

Persistente en mi cabeza.

Una roca en el fondo del río,
el brillo de una luciérnaga solitaria en el bosque,
el sonido de las parvadas al retomar su camino,
la fuerza del viento cuando corre rápidamente por los terrenos planos,
y el sol en la mirada, oh, esa mirada.

Una pausa, no un silencio, un momento para compartir,
manos entrecruzadas, y susurros de complicidad,
la tranquilidad del fondo del océano,
una oscuridad digna de la cueva jamás explorada por el hombre,
los pies desnudos que tocan la tierra,
y el sonido de tu voz, sí, tu voz.

En alguna parte, tú te levantas, tú caminas, respiras, vives,
en otro lugar, aquí, conmigo, se encuentra mi alma,
descansando en el acogedor recuerdo de tu presencia,
abrazando en silencio la ausencia,
con una fila de sueños esperando por celebrar el reencuentro.

En algún lugar te encontré,
sea aquí donde deba permanecer,
si me permites pertenecer e instalarme ahí,
en lo más hondo, donde nadie ha entrado antes,
o bien, puedes dejarme pasar a mirar para salir de nuevo a intentar.

Lo cierto es que, mientras más me maravillo de ti y lo que me rodea,
en secreto, yo te seguiré amando.


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